Y si no, ¿por qué sentimos que tenemos que escaparnos para hacerlo?
La cultura del escape
¿Cuántas veces pensaste que necesitabas vacaciones para volver a respirar? Para desenchufar, desacelerar, bajar un cambio. Parece que la desconexión y el bienestar solo fueran posibles lejos del cemento. Esto me pasó muchísimas veces en la vida, y como buena sagitariana, ¿qué hice? Pues claro: viajé, me mudé, me escapé
Sin embargo, mi vuelta a la ciudad; mis ganas de enraizar, de seguir construyendo y de quedarme, me hicieron re-pensar mi vínculo con la ciudad y dejar de odiarla tanto.
En general, se nos presenta como lo opuesto a lo natural: ruidos, pantallas, cemento, ritmo acelerado, pero yo creo (siento y digo cada día) que siempre podemos armarnos nuestro micro-mundo para salirnos (al menos por un rato cada día) de La Matrix
Ah, también podemos estar en La Matrix, aunque vivamos en la Patagonia o en Jujuy, esto lo sabemos todos, ¿no?
Redefinir «naturaleza»
Cuando hablamos de naturaleza, nos imaginamos playas, montañas, ríos o bosques. ¿Qué pasa si ampliamos la mirada?
La naturaleza también puede estar en una planta que cuidamos, en el sol entrando por una ventana, en una plaza, en una caminata con tu perro, auriculares, en el silencio. En el cuerpo que respira y siente.
No se trata de reemplazar un bosque con una maceta. Creo que se trata de no olvidarnos que seguimos siendo parte de lo vivo, incluso en contextos urbanos.
En la ciudad, no es tan fácil (y está bien decirlo)
Cuando vivía en Mardel, caminaba dos cuadras y veía el amanecer en el mar cada día, Indio corría y mi sistema nervioso se regulaba. Para mi, era fácil. Sin embargo, también conocí un montón de gente, que teniendo las mismas posibilidades, no se ponía la alarma 5am para bajar a la playa.
No quiero romantizar la vida en la ciudad, pero muchas veces lo que cambia la forma en que nos vinculamos con la naturaleza, más allá del lugar donde elegimos vivir; lo determinan nuestras elecciones. Confieso que no voy a la plaza o al rio 5am a ver el amanecer, pero si, amanezco antes que salga el sol y lo miro desde mi balcón/ventana antes de ir hacer yoga o mientras medito.
La ciudad muchas veces no está pensada para conectarnos con nada, y el acceso a espacios verdes o momentos de calma no es igual para todos. Yo sé que no es lo mismo vivir frente a una plaza que en un monoambiente sin balcón, pero creo que reconocer eso, es lo que nos da poder, nos permite buscar (y defender) las posibilidades que tenemos en el lugar que habitamos.
Como ser vegana en el país más carnívoro del mundo (esto será para otro posteo igual jaja)
Prometo que no te voy a tirar frases vacías tipo “abrazá un árbol y todo se acomoda” — pero sí compartirte herramientas y pequeños gestos concretos que quizás nunca reparaste o no les das el valor que merecen.
- Camina sin auriculares y escucha lo que pasa, si llevás el celu ponelo en modo avión o en silencio sin sacarlo de la mochi.
- Mira el cielo un rato. Sin hacer nada más.
- Sacate los zapatos y pone los pies en el pasto. El tiempo que puedas.
- Escribí sobre esto en la revista ohlala, se le llama “grounding” y tiene muchos beneficios
- Tomate un mate o un café al sol, sin pantallas. Sin libro. Solo con la carita al sol.
- Cuida una planta (cuantas mas mejor jaja) – mete las manos en la tierra ensuciate.
- Come y acostate sin el celular cerca.
- Hacé deporte al aire libre, respirá —ya sea frío o calor—, y sentilo de verdad.
- Y andá a un plaza. Al menos una vez por semana a ver verde. Podés ir al rio, no está tan lejos y está verdaderamente hermoso.
Y un bonus tracks, que hace todo esto aún más especial: hacelo al amanecer, atardecer o con luna llena.
No transforman tu vida en 5 minutos. Pero si los repetís, los ritualizás y los hacés parte de tu rutina, pueden abrirte una forma distinta de habitar el día. Acordate que la suma de los dias hace la semana, la semana los meses, los meses los años y los años la vida.
Casa Caravan como refugio
Casa Caravan nació como una respuesta a todo esto. Como un espacio plant-based, luminoso, donde se puede compartir, bajar un cambio, mirar a los demás a los ojos y volver al cuerpo.
No es un retiro espiritual, ni un hotel de lujo. Es una casa real, pensada para vivir y viajar de manera más presente. Donde la naturaleza no es decoración, sino parte de la experiencia.
Y la verdad es que es la manera que YO encontré para volver a vivir a la ciudad.
¿Vos como conectas con la naturaleza? Si querés, podés compartirme tu experiencia por mensaje o redes, o simplemente guardarte la pregunta para vos.
Nos seguimos leyendo por acá. Gracias siempre.
Dani.

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